miércoles, 21 de enero de 2009

Deporte de contacto y Parkinson


La depresión no es la única enfermedad que parece estar ligada a las contusiones cerebrales. Estos golpes también podrían incrementar gravemente el riesgo de padecer Parkinson. Según la gravedad de la contusión y de si esta requiere o no hospitalización, las probabilidades pueden multiplicarse hasta por once en los casos más graves. Los golpes más leves ni siquiera repercutieron de forma moderada en la incidencia de la enfermedad, de manera que parece ser la gravedad de la lesión la que determina fundamentalmente la aparición del Parkinson.
En este caso, una investigación de la Clínica Mayo publicada en la revista 'Neurology' asegura que el peligro es especialmente patente para aquellos deportistas que llegan a perder la consciencia. Ojo, esto no quiere decir que «todo aquel que se golpee la cabeza vaya a desarrollar Parkinson en su vejez», pero todo parece indicar que 'algo sucede' en el cerebro que desencadena una cadena que finaliza en la aparición de la enfermedad. Los investigadores quieren dejar claro este punto y recuerdan que estos resultados no demuestran que existe una relación de causalidad directa entre los golpes en la cabeza y el Parkinson, «simplemente demuestra que el riesgo se incrementa», dicen. Como en el caso de la depresión, tampoco con el Parkinson los científicos son capaces de explicar con certeza cuáles son los mecanismos que subyacen detrás de esta evidencia, aunque sospechan que están relacionados con daños que tengan lugar en las células cerebrales. Algunas de sus hipótesis apuntan a la muerte de estas células, así como a la entrada de determinadas sustancias 'contaminantes' en el torrente sanguíneo a consecuencia de las roturas de vasos que se producen en los capilares cerebrales.

«Cassius Clay, por ejemplo, fue un boxeador muy poco castigado por los contrincantes; sin embargo, ahora padece un Parkinson muy evidente. Lo que quiere decir que el boxeo probablemente no haya hecho más que acelerar lo que ya estaba determinado de antemano en su código genético», dice el doctor López del Val, miembro de la Sociedad Española de Neurología

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